El "Tratado de Paz" que dividió a Hungría

La historia detrás del 4 de junio de 1920 y Gran Trianón (Versalles, Francia)


En un ambiente de tensión, el 28 de junio de 1914 fue asesinado en Sarajevo (Bosnia) el archiduque Francisco Fernando, sobrino del emperador Francisco José I y heredero del trono austro-húngaro. El autor del magnicidio fue un activista serbo-bosnio, Gavrilo Príncipe, miembro de una organización nacionalista serbia (“La Mano Negra”). Este atentado desencadenó una serie fatal de acontecimientos que desembocó en la guerra.


A pesar de que el primer ministro húngaro István Tisza se opuso en un primer momento al conflicto armado por considerar el momento inadecuado, el 23 de julio, tras asegurarse el apoyo alemán, Austria-Hungría lanzó un ultimátum a Serbia y el 28 del mismo mes declaró la guerra. Las potencias cumplieron fielmente sus alianzas y a comienzos de agosto casi todos los estados europeos se habían declarado la guerra entre sí. Los ejércitos húngaros lucharon en diferentes frentes, en Serbia y Galitzia, y después de la integración de Italia en la Entente (o sea los países aliados, a saber, Francia, Gran Bretaña, Rusia, Italia, Japón y los Estados Unidos) también en parte de sus territorios. Muy pronto se demostró la incapacidad del ejercito húngaro, ya que sólo con ayuda alemana logró algunos éxitos.

La guerra de trincheras exigió a los pueblos graves sacrificios de vidas humanas. La Monarquía experimentó en los tres primeros años la pérdida de tres millones de hombres, de los que una tercera parte correspondió al ejército húngaro. La guerra total exigió en la retaguardia una movilización total de los recursos económicos disponibles y la organización de la economía de guerra. Los gobiernos habían de hacer frente a la escasez de materias primas, debían reclutar mano de obra y regular el consumo mediante rígidos controles (cartillas de racionamiento). El Estado debía intervenir activamente en la dirección de la economía fijando precios, orientando la producción y organizando los mercados. En Hungría entraron en vigor leyes excepcionales y se estableció el control militar sobre la producción. Desde mediados de 1916 se inició una inflación muy considerable y se notaron síntomas de agotamiento. Hungría cumplía sus deberes según la cuota (36,4% de los gastos de la Monarquía), lo que agotaba la capacidad industrial del país, aunque estaba en mejor situación en cuanto al abastecimiento de alimentos que Austria.


En 1916 murió Francisco José I y le sucedé en el trono Carlos IV. Él era consciente de la crisis inevitable de la Monarquía austro-húngara, situación que tenía una sola solución: la paz inmediata. Durante 1917 mantuvo a espaldas de Alemania contactos con el gobierno francés para tratar de alcanzar una paz por separado con los aliados, pero sus intentos fracasaron. Carlos IV de Habsburgo, el para entonces Rey de Hungría, buscaba una reconciliación entre las nacionalidades dentro del marco de un imperio federal, y también quería realizar algunas reformas internas, por lo que hizo renunciar al primer ministro István Tisza. Las luchas políticas se centraron en torno a la cuestión de la extensión del derecho del voto. Se formó el Bloque Electoral (Választójogi Blokk) de varios partidos de la oposición encabezado por el conde Mihály Károlyi, en cuyo programa figuraban las exigencias del sufragio secreto y universal, además de la paz sin anexiones ni indemnizaciones.


Con la Revolución Rusa de 1917 terminó la guerra en el frente oriental, sin embargo la entrada en el conflicto de los Estados Unidos al lado de la Entente decidió la suerte del mismo. En 1918 el ejército de la Monarquía austro-húngara sufrió una derrota aniquiladora en el frente italiano: cerca del río Piave trescientos mil soldados murieron o fueron hechos prisioneros. En los Balcanes también se sentía la superioridad de la Entente: el ejército al mando del general francés Franchet d’Esperey avanzó hacia la frontera y en octubre entró en Bosnia.

Al mismo tiempo se manifestaron con intensidad los movimientos que exigían el derecho a la autodeterminación de las naciones. Los gobiernos de la Entente renunciaron a la conservación de la Monarquía austro-húngara, que ya no era capaz de cumplir con su papel histórico: mantener y asegurar el equilibrio político en la región.


Como último intento para salvar al Estado, el 17 de octubre de 1918 Carlos IV publicó su manifiesto sobre la transformación federal del Imperio, pero ya era tarde. Durante el mes de octubre la Monarquía austro-húngara se desintegró y se proclamaron estados independientes: Galitzia se incorporó a Polonia; se independizaron Eslovenia y Croacia para incorporarse al Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos (desde 1929 Yugoslavia); y también se proclamó la República de Checoslovaquia. El día 3 de noviembre la Monarquía austro-húngara, que ya prácticamente no existía, firmó el armisticio en Padua.


Los sufrimientos en la guerra, las pérdidas humanas y materiales, al igual que la grave situación económica, la escasez y la inflación, generaron un clima conflictivo en el que creció la actividad de los partidos de la oposición. Los tres más importantes: el de Károlyi (Partido de la Independencia y de 48), el Partido Nacional Radical (Polgári Radikális Párt) y el Partido Social-demócrata de Hungría se agruparon a partir del 24 de octubre de 1918 en el Consejo Nacional (Nemzeti Tanács) presidido por el conde Mihály Károlyi.


Las exigencias más importantes de su programa fueron la paz por separado, la independencia de Hungría y la creación de un estado democrático burgués mediante reformas sociales.


En octubre también se constituyó́ el Consejo Revolucionario de los Soldados, (Katonatanács) dominado por los socialistas, con progresiva influencia en las guarniciones de la capital. El día 28 de octubre una gran manifestación se dirigió al Palacio de Buda para exigir el nombramiento de Károlyi y el reconocimiento del gobierno del Consejo Nacional. Entre los manifestantes y el ejercito se desarrolló la batalla del Puente de Cadenas (Lánchídi csata) con varias víctimas. Al día siguiente empezó una huelga general y los obreros se apoderaron de armas, ocupando los puntos estratégicos más importantes de la capital. En la noche del 30 al 31 de octubre triunfó la revolución llamada la Revolución de los Crisantemos sin derramar sangre. El conde Károlyi fue nombrado primer ministro y se formó un gobierno de coalición de los miembros del Consejo Nacional. Esta revolución democrático-burguesa llevó al poder a la burguesía liberal y democrática con el apoyo de los socialdemócratas y su objetivo básico era la eliminación total de los restos del régimen feudal y la creación de un estado burgués moderno. Después de que el día 13 de noviembre de 1918 Carlos IV suspendiera la práctica de sus derechos reales, fue posible proclamar la República Popular Húngara tres días más tarde. Significó la ruptura radical con el régimen anterior y vino acompañada de la aprobación de leyes populares, en el sentido de que tuvieron apoyo masivo por parte de amplias masas de la población.


”El Consejo Nacional de Hungría, según la voluntad del pueblo,

dicta el siguiente decreto popular:

I. Hungría es una república popular independiente de cualquier otro país.

II. La Constitución de la república popular será aprobada urgentemente por la Asamblea constituyente, convocada según la nueva ley electoral.

III. Hasta la decisión de la Asamblea constituyente el poder supremo del Estado reside en el gobierno popular presidido por Mihály Károlyi, que cuenta con el apoyo del Comité Ejecutivo del Consejo Nacional de Hungría.

IV. El gobierno popular debe aprobar con urgencia leyes populares sobre:

1) el sufragio universal, igual, secreto y extendido a las mujeres para las elecciones de la Asamblea, de las elecciones municipales y de los distritos;

2) la libertad de prensa;

3) los tribunales de jurados del pueblo;

4) la libertad de reunión;

5) el reparto de la tierra a los trabajadores agrarios.

Budapest, 16 de noviembre de 1918”


El 1 de noviembre el gobierno prestó juramento ante el Consejo Nacional. El acto simbolizó la completa ruptura con Austria y devolvió a Hungría su independencia después de unos cuatrocientos años. El programa de gobierno planteó exigencias democráticas: la independencia del país conservando la integridad territorial y respetando el derecho de las nacionalidades a la autodeterminación. También figuraban el sufragio secreto y universal, extendido a las mujeres, la libertad de opinión, de prensa, de reunión y el reparto de la tierra.

El gobierno de Károlyi tuvo que enfrentarse a varios problemas. El más urgente era poner fin a la guerra y fijar las nuevas fronteras del país. Károlyi era optimista y tenía profunda confianza en la Entente y en los principios wilsonianos.

“... yo fundamento nuestra política en los principios wilsonianos. Tenemos un solo principio: Wilson, Wilson y por tercera vez Wilson... La misión de los Estados Unidos es transformar toda Europa, eliminar el concepto de la revancha y crear una paz donde ningún pueblo pueda sentirse disgustado. Estados Unidos creará la Sociedad de Naciones.” (Károlyi)

El armisticio firmado en Padua no incluía disposiciones sobre las futuras fronteras. Según el jefe de la misión militar inglesa en Viena, Károlyi


“esperaba de la unión con los socialistas que la Entente no se vengaría de la Hungría vencida de modo drástico, si Hungría estaba gobernada por un liberal pacifista. Se equivocó. La Entente ya antes de firmar los tratados de paz había establecido las zonas de ocupación de Hungría y, las había fijado en favor de los estados sucesores, cosa bien evidente, dadas las circunstancias existentes...” (Cuninghame)

Una delegación del gobierno encabezada por Károlyi viajó a Belgrado, donde se entrevistó́ con el general de la Entente Franchet d’Esperey. El general, desde la posición de los triunfadores, expresó su desprecio hacia el gobierno húngaro y le comunicó las nuevas exigencias territoriales. Según el Convenio de Belgrado, firmado el 13 de noviembre, Hungría tenía que evacuar el sur del país hasta los ríos Maros y Dráva, desarmar el ejército y permitir que los ejércitos de la Entente pudieran pasar por su territorio en caso de necesidad. En el momento de la firma del convenio tropas checas y rumanas ya habían empezado a ocupar tierras húngaras con la autorización de sus aliados. Los rumanos entraron en diciembre en el sur de Transilvania y los checos reclamaban para sí toda Alta Hungría. El nuevo Estado no tenía fuerzas armadas, debido al pacifismo de los dirigentes, que se esforzaron por desarmar a los soldados que habían regresado de los frentes. Por falta de recursos Hungría no pudo organizar la resistencia y no logró defender sus territorios.


El otro problema igualmente grave fue la crisis económica posterior a la guerra. Debido al bloqueo de la Entente, había escasez de materias primas, carbón y alimentos. Los militares desarmados contribuyeron al aumento del paro, creció la inflación y gran parte de la población vivía en la miseria.


El tercer problema fue la lentitud en la ejecución de las reformas programadas por el gobierno. Así, la ley sobre la reforma agraria se publicó en febrero de 1919, pero el reparto de la tierra empezó solo en la hacienda de Károlyi, en Kápolna.

En este ambiente de descontento social y con una situación crítica del país aparecieron y reforzaron su actividad grupos extremistas tanto de derecha como de izquierda. La extrema derecha, llamada contrarrevolucionaria, se concentró en grupos como la Asociación Húngara de la Defensa del País (Magyar Országos Véderő Egylet) y la Asociación de los Húngaros en Despertar (Ébredő Magyarok Egyesülete). La extrema izquierda también empezó a estructurarse: los obreros industriales organizaron sus núcleos llamados soviets o consejos. Los prisioneros de guerra regresados de Rusia, donde habían conocido la doctrina comunista, y algunos intelectuales socialistas fundaron el 24 de noviembre el Partido Comunista de Hungría (Kommunisták Magyarországi Pártja) con Béla Kun a la cabeza. En el programa de los comunistas figuraba la transformación de la revolución en una dictadura del proletariado, la expropiación de las grandes propiedades y su socialización sin indemnización, el control obrero de la producción y la ruptura con la Entente. Los comunistas utilizaron la propaganda y la prensa para destacar la impotencia del programa liberal burgués, elevando el descontento de las masas contra el gobierno. El Partido Comunista de Hungría empezó́ a crecer vertiginosamente, y hacia enero de 1919 ya controlaba una gran cantidad de los soviets, produciéndose insurrecciones y manifestaciones que contribuyeron a la crisis del gobierno.

Debido a los problemas, el gobierno de Károlyi renunció en enero de 1919 y se formó uno nuevo con socialdemócratas, mientras él era nombrado presidente de la República. El gobierno tomó medidas contra los extremistas y los dirigentes comunistas fueron encarcelados. En febrero seguía aumentando la tensión, las masas se radicalizaron y tuvieron lugar cada vez más actos violentos de ocupación de la tierra, a la vez que crecía la influencia de los comunistas también en el ejército.


En esta situación extremadamente tensa, el 20 de marzo el coronel Vix, jefe de la misión de la Entente en Budapest, entregó una nota comunicando al gobierno las nuevas exigencias territoriales de la Entente. Según la nota, las tropas húngaras debían desmilitarizar una franja de cien kilómetros de ancho de su territorio limítrofe con Transilvania, zona que incluía ciudades importantes como Debrecen y Szeged. Las tropas rumanas avanzarían hasta lo que es hoy la frontera entre Hungría y Rumanía y la zona desmilitarizada sería controlada por el ejército francés, a pesar de lo cual esta frontera, según Vix, aún era provisoria. Károlyi y los miembros del gobierno interpretaron la línea de demarcación como frontera política, lo que significaría la pérdida de grandes territorios de la Gran Llanura Húngara y de ciudades históricas húngaras. El gobierno no tenía más posibilidad que presentar su renuncia en favor de los socialdemócratas.


Los jefes del Partido Socialdemócrata eran conscientes de que sin los comunistas era imposible formar un nuevo gobierno, por lo que empezaron a negociar en la cárcel central de Budapest con los dirigentes comunistas y pactaron la unificación de los dos partidos en el Partido Socialista de Hungría (Magyarországi Szocialista Párt). La unificación de los dos partidos obreros tuvo lugar el 21 de marzo y al mismo tiempo publicaron una declaración en nombre de Károlyi sobre su renuncia sin que él estuviese enterado. De tal modo, la noche del 21 de marzo de 1919 el poder fue a parar a manos de los bolcheviques, que formaron un nuevo gobierno, el llamado Consejo Gubernamental Revolucionario (Forradalmi Kormányzótanács) y empezaron la instauración de la dictadura del proletariado.


El nuevo poder fue la dictadura de un solo partido, basada en el sistema de los consejos, y a imitación de los soviets rusos. Según la Constitución provisional del 2 de abril se organizaron consejos en todos los municipios, ciudades y distritos, que fueron apoyados por los directorios y, junto a ellos actuaron los tribunales revolucionarios; es decir, los consejos reunían todos los poderes: el legislativo, el ejecutivo y el judicial. El poder supremo residía en la Asamblea Nacional de los Consejos (Tanácsok Országos Gyûlése), que se reunió una sola vez. El gobierno, que se llamó Consejo Gubernamental Revolucionario y ejerció́ su función por medio de decretos, fue encabezado por el socialdemócrata Sándor Garbai. Entre los miembros del gobierno, llamados comisarios del pueblo (népbiztosok), destacó Béla Kun, encargado de las relaciones exteriores y verdadero jefe de la República de los Consejos. Para el ejercicio de la dictadura se organizaron varias instituciones: los tribunales revolucionarios y la Guardia Roja; y el terror rojo empezó́ a actuar contra los contrarrevolucionarios.

En el campo económico el gobierno decretó la nacionalización de toda empresa industrial, de transporte y de minería que empleara a más de veinte obreros. También de los bancos y edificios de viviendas.

No se efectuó el reparto de la tierra: las propiedades rurales con una extensión superior a cien hold fueron nacionalizadas y transformadas en cooperativas de producción.


También se aprobaron una serie de medidas sociales, como por ejemplo la subida de los salarios, la reducción de los alquileres, el seguro obligatorio, la jornada laboral de ocho horas, la organización de vacaciones para los hijos de los obreros, o el servicio médico gratuito. Con la nacionalización de las escuelas querían implantar la instrucción pública gratuita uniformizada. Estos planes no pudieron realizarse debido a la crítica situación económica del país y a la intervención militar.


La proclamación de la República de los Consejos de Hungría sorprendió a las potencias vencedoras de la Entente. El alto mando francés exigía la intervención inmediata contra Hungría, pero la Conferencia de Paz optó por las negociaciones. Mientras el general Smuts llegaba al país al frente de una delegación militar, el general Franchet d’ Esperey comenzó la organización de un ataque conjunto franco- rumano-serbio contra Hungría. La dictadura de los Consejos estaba acosada por cuatro ejércitos: los checos desde el norte, los serbios desde el sur, los rumanos desde el este y los franceses ayudando a todos ellos. El gobierno de los Consejos surgió como reacción a la caída del gobierno burgués y, a la vez, como una defensa de las fronteras magiares. Los comunistas evaluaron positivamente la cercanía de las tropas rusas detrás de los Cárpatos, a doscientos kilómetros de la frontera húngara, ya que tenían confianza en la victoria de la revolución de los proletarios del mundo.


Rumanía y Checoslovaquia decidieron ocupar Hungría desde mediados de abril con la autorización de la Conferencia de Paz. Cuando se desencadenó la intervención armada, la República de los Consejos no disponía de la fuerza militar adecuada, debido a que la organización del Ejército Rojo aún se hallaba en su etapa preparatoria. En poco tiempo cayeron Nagyvárad, Arad, Debrecen y Gyula, y los franceses entraron en Hódmezővásárhely y Makó. Los checoslovacos avanzaron a través de la Ucrania Subcarpatia. El gobierno decretó la movilización general y en poco tiempo el nuevo ejército se convirtió en una fuerza contundente que pudo pasar a la ofensiva.


Cuando el jefe del estado mayor húngaro, Aurel Stromfeld, ordenó el contra- ataque hacia el norte, se consiguieron varias victorias que permitieron reconquistar Losonc, Nyitra, Kassa, Eperjes y llegar hasta la frontera con Polonia. Estas victorias militares del Ejército Rojo contribuyeron a la proclamación de la República de los Consejos de Eslovaquia.


La Entente, preocupada por estas victorias militares, contestó con la presión diplomática. En junio, el primer ministro francés Clemenceau, en una nota enviada al gobierno húngaro, propuso discusiones de paz a Béla Kun e invitó a los delegados de la República a la Conferencia, a condición de que el ejército se retirara de Eslovaquia. También prometió que las fuerzas rumanas evacuarían los territorios que ocupaban. Béla Kun aceptó la propuesta, detuvo el avance del ejército y luego ordenó su retirada. Sin embargo, la Entente no quiso reconocer al gobierno húngaro, ni los rumanos salieron del territorio.


La República de los Consejos de Hungría tuvo que afrontar graves problemas económicos. Como consecuencia de la guerra, y de la ocupación extranjera de una gran parte del territorio nacional, había escasez de materias primas y disminuía la producción. Se sufrieron dificultades en el abastecimiento por la reducción de la producción y porque el aprovisionamiento del ejército tenía prioridad. Los comunistas también perdieron la confianza de los campesinos debido a su incorrecta política agraria, a la falta del reparto de la tierra. Todas estas dificultades fueron aprovechadas por las fuerzas contrarrevolucionarias, mientras los motines y huelgas contrarios eran duramente aplastados por los cuerpos del terror rojo.


En Viena se organizó el Comité Antibolchevique (Antibolsevista Comité), y en Szeged, ocupado por los franceses, se formó un gobierno contrarrevolucionario encabezado por el conde Gyula Károlyi. El ministro de guerra de este gobierno fue el almirante Miklós Horthy. El 24 de junio los grupos de Viena y de Szeged patrocinaron un alzamiento contrarrevolucionario en Budapest. En el ataque participaron los aspirantes oficiales de la Academia Ludovica y barcos de la flotilla que abrieron fuego desde el Danubio.


La retirada húngara, después de la propuesta de Clemenceau, desmoralizó al ejército. En cuanto a Rusia, ocupada en luchar contra sus enemigos, no podía prestar ayuda. Al tener la certeza de que la Entente había burlado la buena fe de la nueva República, el Consejo Revolucionario realizó un intento para obligar a los rumanos al repliegue recurriendo a las armas. A fines de julio el Ejército Rojo húngaro empezó una operación en el río Tisza, sin éxito, lo que permitió a los rumanos ocupar Szolnok y avanzar en dirección a Budapest. El gobierno de los Consejos presentó su renuncia el 1 de agosto y el 4 de agosto el ejército rumano entró en la capital.


Después de la renuncia del gobierno de los Consejos, el poder pasó a manos de uno integrado por los socialdemócratas sindicales. El primer ministro, Gyula Peidl, aspiraba a restablecer el régimen democrático, anulando los decretos revolucionarios. El nuevo gobierno, que no podía apoyarse en ningún aparato burocrático y que tampoco estaba respaldado por fuerza militar, sólo logró mantenerse en el poder seis días. Mientras tanto el ejército rumano requisaba máquinas, instrumentos, vagones y alimentos. El 6 de agosto de 1919 István Friedrich, con un grupo reducido de militares y contando con el apoyo rumano, derribó al gobierno de Peidl mediante un golpe de estado, haciéndose primer ministro mientras el archiduque José de Habsburgo era nombrado regente. El gobierno de Friedrich carecía de todo fundamento, ya que no era reconocido por la Entente y tampoco disponía de respaldo militar.


Miklós Horthy, como ministro de guerra del gobierno contrarrevolucionario de Szeged, concentró en sus manos el mando supremo del Ejército Nacional (Nemzeti Hadsereg) y se independizó del gobierno, trasladando su sede de Szeged a Siófok. Los destacamentos del ejército (különítményesek), encabezados por grupos de oficiales (Prónay, Héjjas), practicaron el terror blanco y la venganza sobre los comunistas, dirigentes sindicalistas, obreros y la población civil.


El régimen contrarrevolucionario durante tres meses fue incapaz de crear un gobierno aceptable por la Conferencia de la Paz, mientras en Hungría reinaba la anarquía. Para poder terminar el trabajo de esta Conferencia hacía falta establecer un gobierno estable húngaro, que estuviera en condiciones de firmar el tratado de paz. La Entente envió a un diplomático inglés, George Clerc a negociar con las fuerzas políticas sobre la creación de un gobierno de coalición. Finalmente Clerc logró que Horthy renunciara a la dictadura militar, reconociera el gobierno y se sometiera a la Asamblea elegida.


El gobierno de “concentración nacional” del socialcristiano Károly Huszár se formó en noviembre de 1919 con los dos partidos más importantes: el Partido de la Unión Nacional Cristiana (Keresztény Nemzeti Egyesülés Pártja) y el Partido de los Pequeños Propietarios (Kisgazdapárt ), representante de los intereses de los campesinos acomodados. En el gabinete participaban además políticos liberales y social- demócrata. Siguiendo las órdenes de la Entente el ejército rumano abandonó Budapest, pero antes del 20 de marzo sólo se retiró hasta la línea del Tisza. El 16 de noviembre Horthy entró en la capital al frente de su ejército y montando un caballo blanco.


En enero de 1920 se efectuaron elecciones para la Asamblea Nacional. Por primera vez en la historia de Hungría, y por última vez hasta 1939, las elecciones tuvieron lugar por medio del sufragio universal, igual, extendido también a las mujeres y mediante votación secreta. Los candidatos del Partido Socialdemócrata se retiraron de las elecciones debido al ambiente de terror practicado por los destacamentos oficiales. El Partido de los Pequeños Propietarios ganó las elecciones, seguido del Partido de la Unión Nacional Cristiana, representante de la pequeña burguesía, los funcionarios estatales e intelectuales conservadores. A pesar de haber sido el Partido de los Pequeños Propietarios el más votado, no pudo formar el gobierno por la resistencia de los grandes terratenientes. La nueva Asamblea Nacional tuvo que decidir sobre la forma de estado y sobre la persona del presidente. El Partido de la Unión Nacional Cristiana defendía la posición legitimista y la continuidad de la Casa de Austria en el trono, mientras que la mayoría del Partido de los Pequeños Propietarios era partidaria del derecho de la nación a elegir a su rey. Además la Entente advirtió reiteradamente que no aceptaría a ningún miembro de la dinastía de los Habsburgo. En esta situación el 1 de marzo de 1920 la Asamblea nombró regente a Miklós Horthy de manera provisional y votó la forma de estado monárquica para Hungría, pero sin rey electo. Horthy, como regente, asumía el mando supremo del ejército, podía disolver la Asamblea y devolver las propuestas de ley al parlamento, pero sus competencias fueron limitadas y quedó subordinado a la Asamblea, ya que no podía ejercer la totalidad de las competencias de un rey.


Como signo del reconocimiento del gobierno húngaro por parte de la Entente, la delegación húngara encabezada por el conde Albert Apponyi fue invitada a París, a la conferencia de paz. El conde Pál Teleki, geógrafo de profesión, elaboró un mapa étnico, “el mapa rojo”, en el que indicaba con este color los territorios poblados mayoritariamente por húngaros, para así argumentar el deseo de conservarlos. Sin embargo, las potencias vencedoras ya habían elaborado su proyecto sobre las nuevas fronteras de Hungría. En estas condiciones, a los representantes del gobierno húngaro de Sándor Simonyi-Semadam, no les quedó otra alternativa que firmar el dictat.


Las disposiciones del tratado de paz, firmado el 4 de junio de 1920 en el palacio llamado Gran Trianón en Versalles, fueron sumamente severas. Hungría perdió dos tercios de su territorio, pasando de 282.000 km2 a 93.000 km2. De los territorios segregados se beneficiaron los siguientes estados: Transilvania, el este de Hungría llamado Las Partes (Partium), el este del Banato y el sur de la Gran Llanura Húngara fueron anexados a Rumanía. Checoslovaquia recibió la Alta Hungría, la región de Csallóköz y la Carpatia Ucraniana. El Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos se hizo con la región llamada Szerémség, Bácska, Muraköz, la Voivodina y el este del Banato. Al oeste, la zona llamada Burgenland (Felsőőrvidék) se incorporó a Austria.


La población de Hungría se redujo de 18,2 millones de habitantes a 7,6 millones. El tratado de paz no tuvo en cuenta el principio de las nacionalidades, y más de tres millones de húngaros pasaron a ser ciudadanos de los estados sucesores, formando bloques étnicos cerrados al otro lado de la frontera. En Rumanía 1,6 millones de húngaros, en Checoslovaquia un millón, y más de medio millón de húngaros en Yugoslavia se transformaron en minorías étnicas.


El tratado de paz maximizó el número de efectivos del ejército en treinta y cinco mil y limitó las posibilidades de defensa, reduciendo la cantidad de armas disponibles. Hungría se vió obligada a pagar una indemnización por reparaciones de guerra y también se vieron limitadas las posibilidades de construcción de carreteras y de líneas férreas.


También se prohibió la restauración de la Casa de Austria y la posibilidad de que Hungría renunciara a su independencia.


Las consecuencias del tratado fueron enormemente serias. Con la desintegración de la Monarquía austro-húngara dejó de existir el mercado unido y los estados sucesores tendieron a la autarquía. Hungría perdió la mayoría de sus fuentes de materias primas: las minas de sal, de metales preciosos y de mineral de hierro. Todo esto significó que la capacidad metalúrgica se quedó sin materias básicas. La producción agrícola se redujo a la tercera parte, ya que Hungría perdió el 61% de sus tierras de cultivo. La producción industrial disminuyó a la quinta parte de la cifra anterior a la guerra. La red de comunicaciones sufrió daños irreparables: más del 60% de las líneas férreas y de las carreteras, e importantes nudos de comunicación fueron arrebatados al país. Los daños causados por el tratado de paz de Trianón sólo fueron comparables con los del siglo XVI, cuando el país quedó dividido en tres partes. El impacto psicológico influyó en el pensamiento y en la actitud de generaciones. El “trauma” fue agravado por los trescientos cincuenta mil refugiados húngaros, y dejó sus huellas en las vidas de familias y personas particulares. El día 4 de junio se convirtió en día de duelo nacional. En las ciudades y aldeas se levantaron monumentos a los caídos en la Primera Guerra Mundial y se extendió el lema: “Hungría mutilada no es país, la Hungría indemne es paraíso”. Todas las capas políticas y sociales, independientemente de su situación económica o religiosa, rechazaron el nuevo trazado de las fronteras. En torno a la exigencia de su revisión surgió́ un consenso nacional.


Fuente: Pannon enciklopédia. A magyarság története (Budapest, 1994)


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